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Trump trata de presionar a Pyongyang para desmantelar sus programas nucleares y de misiles con sanciones y medidas diplomáticas

27/04/2017 11:20 replay time02:27

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Washington, 26 de abril (Yonhap) -- El presidente de EE. UU., Donald Trump, está tratando de presionar a Corea del Norte para que desmantele sus programas nucleares y de misiles mediante sanciones económicas y medidas diplomáticas, mientras permanece abierto a las negociaciones, dijeron, el miércoles (hora local), funcionarios estadounidenses de alto rango en un comunicado conjunto excepcional.

"La búsqueda de armas nucleares de Corea del Norte es una amenaza de seguridad nacional urgente y la máxima prioridad en la política exterior. Tras asumir su cargo, el presidente Trump ordenó una revisión exhaustiva de la política de EE. UU. concerniente a la República Popular Democrática de Corea (RPDC)", dijeron en un comunicado conjunto el secretario de Estado, Rex Tillerson, el secretario de Defensa, James Mattis, y el director de Inteligencia Nacional, Dan Coats.

"Hoy, junto con el general Joe Dunford, jefe del Estado Mayor Conjunto, informamos de la revisión a los miembros del Congreso. El planteamiento del presidente trata de presionar a Corea del Norte para que desmantele sus programas nucleares, de misiles balísticos y de proliferación, endureciendo las sanciones económicas y desarrollando medidas diplomáticas con nuestros aliados y socios regionales", dijo el comunicado.

El comunicado fue emitido después de que los funcionarios sostuvieran una sesión informativa altamente inusual acerca de la política sobre Corea del Norte para los cien senadores de la Casa Blanca, un paso que subraya la urgencia y seriedad que la Administración Trump dedica al problema. Un informe similar fue celebrado en el Capitolio de los Estados Unidos para los miembros de la Cámara de Representantes.

Es poco usual que la Casa Blanca sostenga tal informe especial para el Senado sobre un único problema de política exterior. También se cree que fue el primer comunicado conjunto sobre Corea del Norte emitido por funcionarios de seguridad estadounidenses de tan alto rango.

Según el comunicado, los esfuerzos pasados han fracaso en detener los programas de armas ilegales y las pruebas de misiles balísticos y nucleares de Corea del Norte, añadiendo que, con cada provocación, Corea del Norte pone en peligro la estabilidad en el Nordeste Asiático, y "supone una creciente amenaza a los aliados y al territorio nacional de EE. UU.".

Lo que llama también la atención es el énfasis sobre la necesidad de dialogar con Pyongyang, además de una omisión de menciones o sugerencias de una posible acción militar, como la frase "todas las opciones están sobre la mesa".

Dijo que EE. UU. se está comprometiendo con los miembros responsables de la comunidad internacional para elevar la presión sobre la RPDC, con el fin de convencer al régimen a relajarse y regresar por la senda del diálogo. Apuntó que sostendrá una estrecha coordinación y cooperación con los aliados, en especial con la República de Corea y Japón, trabajando juntos para preservar la estabilidad y prosperidad de la región.

EE. UU. busca la estabilidad y desnuclearización pacífica de la península coreana, dijo el comunicado, añadiendo que el país queda abierto a las negociaciones para dicha meta. Sin embargo, apuntó que permanece preparado para defenderse a sí mismo y a sus aliados.

Incluso una mención sobre dialogar con el Norte puede ser considerada un gran cambio para la Administración de tono duro de Donald Trump.

Durante una visita a Corea del Sur realizada el mes pasado, Tillerson dijo, incluso, que dos décadas de esfuerzos diplomáticos para desarmar al Norte han fracasado y que no había más motivos para seguir por el camino diplomático. Asimismo, dijo que EE. UU. está considerando un amplio abanico de opciones, incluido el uso de la fuerza militar.

La nueva política no parece muy diferente a la del expresidente Barack Obama, conocida como la "paciencia estratégica", centrada en esperar a que Pyongyang muestre buena fe y regrese a los diálogos de desnuclearización, mientras amplía las sanciones y la presión sobre el régimen.

Eso refleja la cruda realidad de que, aparte de imponer sanciones más duras y fortalecer las medidas de disuasión y de defensa contra el régimen provocativo, no hay mucho que EE. UU. pueda hacer al respecto que no ponga en riesgo una guerra.

Las diferencias frente a la política sobre Corea del Norte de Obama, si es que las hay, serían probablemente el nivel de petición y presión que EE. UU. aplica sobre China para que ejerza más influencia, como el principal suministrador de alimentos y energía del Norte, para controlar al régimen provocativo de Pyongyang.

Desde su primera cumbre con el presidente chino, Xi Jinping, a comienzos de mes, Trump ha alabado reiteradamente a China por tratar de elevar la presión contra el Norte, a la vez que ha ofrecido esperanzas de un mejor acuerdo comercial con EE. UU. si China resuelve el problema.

Pese a la mención de una necesidad de dialogar, el enfoque central de la política de EE. UU. será probablemente la presión.

Un alto funcionario de la Casa Blanca dijo, durante una sesión informativa, que EE. UU. está considerando volver a enlistar al Norte como un Estado patrocinador del terrorismo.

Tillerson también dijo, la semana pasada, que EE. UU. está buscando diversas maneras de "crear más presión contra el régimen norcoreano para que vuelva a comprometerse sobre una base diferente a la de los diálogos pasados", que incluyen el volver a enlistar a Pyongyang entre los patrocinadores del terrorismo.

jisooaw@yna.co.kr

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