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(TEMAS DEL AÑO) Tras un año de inactividad, Corea del Sur pretende reiniciar la diplomacia con Corea del Norte en 2021

Últimas noticias 18/12/2020 11:41
El presidente, Moon Jae-in, preside una reunión del Gabinete, el 15 de diciembre de 2020, en la oficina presidencial, Cheong Wa Dae, en Seúl.

Seúl, 18 de diciembre (Yonhap) -- Tras un año de inactividad en la diplomacia nuclear con Corea del Norte, Seúl pretende que, en 2021, se logre progresar en su campaña de paz aprovechando la coordinación con la Administración Joe Biden entrante, de Estados Unidos, y las potenciales oportunidades de diálogo, como las Olimpiadas de Tokio.

Impertérrita ante el escepticismo cada vez más intenso, la Administración del presidente surcoreano, Moon Jae-in, parece dispuesta a seguir adelante con su interacción con Pyongyang, que se ha visto asediado por las restricciones impuestas por la pandemia, las incertidumbres previas a las elecciones estadounidenses y una desconfianza mutua profundamente arraigada.

Corea del Sur cifra sus esperanzas en que el lanzamiento de la Administración Biden, en enero, trace un camino más realista hacia una diplomacia nuclear sostenible con Pyongyang, aunque se podrían requerir meses para que el equipo del presidente entrante de EE. UU. establezca una orientación concreta de sus políticas.

Los esfuerzos para interactuar podrían ganar fuerza si las Olimpiadas de Tokio sientan las bases para el diálogo entre las dos Coreas y entre Pyongyang y Washington, según los analistas. La propuesta de Seúl para una cooperación transfronteriza en las vacunas del COVID-19 también podría empujar a Pyongyang de vuelta al diálogo.

El profesor de estudios norcoreanos de la Universidad Dongguk, Kim Yong-hyun, dijo que, al igual que las Olimpiadas de Invierno de PyeongChang 2018 abrieron un camino para los diálogos de paz en la península coreana, las Olimpiadas de Tokio podrían servir como una oportunidad para abrir la puerta, hasta ahora cerrada, para los lazos intercoreanos y las relaciones entre Corea del Norte y Japón.

Agregó que, aunque todavía falta tiempo, las Olimpiadas de Invierno de Pekín 2022, también podrían ser otro lugar para la interacción con el Norte, enfatizando la importancia de la estrecha cooperación diplomática con China y Japón el próximo año.

Las negociaciones nucleares entre Corea del Norte y EE. UU. han estado estancadas desde que la cumbre de Hanói entre el presidente del Comité de Asuntos de Estado norcoreano, Kim Jong-un, y el presidente estadounidense, Donald Trump, terminara sin acuerdos, en febrero del año pasado.

El "impasse" ha paralizado las relaciones intercoreanas. Empeorando aún más los lazos bilaterales, el Norte demolió una oficina de enlace intercoreana, un símbolo de las comunicaciones transfronterizas, como represalia por el envío de panfletos anti-Pyongyang hacia su territorio.

La elección de Biden como el próximo presidente de EE. UU. augura un enfoque más predecible y realista hacia el dilema nuclear de Corea del Norte, aunque su aparente inclinación por una fórmula convencional "basada en los principios" ha provocado preocupaciones de que las negociaciones nucleares pudieran ser más lentas que la interacción directa de Trump con el líder norcoreano.

La diplomacia poco ortodoxa de Trump dio como resultado tres reuniones con Kim, incluida la primera cumbre de la historia entre sus dos países, en junio de 2018, en Singapur, donde el líder norcoreano profesó su compromiso hacia la "desnuclearización completa" de la península coreana.

Sin embargo, la demanda de Washington de medidas radicales de desnuclearización bajo una hoja de ruta de desarme exhaustiva provocó un estancamiento prolongado, que arrojó dudas sobre el enfoque de negociación "descendente" de Trump.

Antony Blinken, quien fue elegido por Biden como el próximo secretario de Estado, insinuó su preferencia hacia un enfoque diferente.

Blinken escribió, en un artículo de opinión para el New York Times, publicado el 11 de junio de 2018, que la Administración Trump podría tener mérito si consiguiera un acuerdo provisional que requiera que Corea del Norte revele todos sus programas, congele su infraestructura de enriquecimiento y reprocesamiento bajo la monitorización internacional y destruya algunas de sus ojivas y misiles a cambio de un alivio económico limitado.

Agregó que tal acuerdo ganaría tiempo para negociar un pacto más amplio, incluida una hoja de ruta minuciosamente secuenciada que requeriría una diplomacia constante, señalando que fue el enfoque que utilizó el expresidente Barack Obama con Irán.

Con la política exterior de Biden preparada para explorar nuevas tácticas de negociación, los observadores dijeron que Seúl debería cooperar estrechamente con EE. UU. para lograr una manera de proceder coordinada, o al menos para impedir el regreso de Washington a la política exterior de "paciencia estratégica", implementada por la Administración Obama, que se centraba en esperar a que el Norte diera señales de cambio en su comportamiento mientras se mantenían las presiones diplomáticas y económicas sobre el régimen comunista.

Sin embargo, algunos observadores presentaron una perspectiva optimista, anticipando que EE. UU. podría recurrir al Proceso Perry de 1999, una propuesta de tres etapas para lidiar con el problema nuclear de Corea del Norte, el cual involucra la normalización de las relaciones entre Pyongyang y Washington. El exsecretario de Defensa de EE. UU., William Perry, fue quien lo propuso.

Tanto Seúl como Washington comparten la necesidad de acelerar los esfuerzos para volver a interactuar con Pyongyang, a medida que el régimen ha seguido progresando en su programa de armas nucleares y existen preocupaciones de que podría llevar a cabo una provocación estratégica para poner a prueba a la Administración Biden, lo que obstaculizaría cualquier atmósfera de diálogo.

Aparte de la coordinación de las políticas con EE. UU., se espera que Corea del Sur intensifique su diplomacia para enmendar las relaciones con Japón y aprovechar las Olimpiadas de Tokio para catalizar la reanudación de las interacciones con Pyongyang. Seúl y Tokio han estado manteniendo una disputa prolongada sobre el comercio y su historia en tiempos de guerra.

Moon nombró, recientemente, nuevo embajador ante Japón a Kang Chang-il, un exlegislador del gobernante Partido Democrático (DP, según sus siglas en inglés) por cuatro mandatos, conocido por su extensa experiencia en asuntos japoneses, en una señal de su intención de reparar la relación con el país vecino.

En otra señal de la diplomacia fortalecida de Corea del Sur con Japón, varios funcionarios de alto rango del Gobierno y del DP, incluido el director del Servicio de Inteligencia Nacional, Park Jie-won, visitaron Tokio recientemente para dialogar con el primer ministro japonés, Yoshihide Suga.

La coordinación con China también es un elemento crítico en la ecuación de Seúl para resolver la problemática norcoreana. Los analistas consideran que un elemento central para lograrlo es la elaboración de una estrategia coherente para que Corea del Sur evite ser afectada por las crecientes tensiones geopolíticas entre Pekín y Washington.

Seúl ha estado tratando de organizar una visita a Seúl del presidente chino, Xi Jinping, en parte, para explorar una forma coordinada de lograr que Pyongyang regrese al diálogo, con el fin de reavivar el proceso estancado para la paz duradera en la península coreana. Sin embargo, la visita se ha pospuesto debido a la pandemia.

Moon, quien es bien consciente de tales elementos complicados, ha reiterado que mantendrá el pie en el acelerador en su cruzada por la paz.

El mes pasado, Moon dijo, al ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, durante su visita a Corea del Sur, que, en conjunto con la comunidad internacional, incluida China, el Gobierno surcoreano no cejará en sus esfuerzos para poner fin a la guerra en la península coreana y lograr la desnuclearización completa.

ruy@yna.co.kr

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