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Los líderes de las dos Coreas se relajan en una cena cargada de emociones

Últimas noticias 27/04/2018 23:50
El 27 de abril del 2018, el presidente surcoreano, Moon Jae-in (dcha.), y el líder norcoreano, Kim Jong-un, levantan sus manos agarradas tras firmar la Declaración de Panmunjom para la paz, prosperidad y reunificación de la península coreana, durante la cumbre bilateral celebrada en la Casa de la Paz, situada en el lado sur de la aldea del armisticio intercoreana de Panmunjom

Panmunjom/Seúl, Corea del Sur, 27 de abril (Cuerpo de Prensa Conjunto-Yonhap) -- Tarareando juntos, brindando con sus copas y comiendo platos que simbolizan la reconciliación y la paz, los líderes de las dos Coreas afianzaron su unidad, este viernes, en una cena cargada de emociones.

El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, y su homólogo norcoreano, Kim Jong-un, se relajaron, rebosantes de esperanzas de que sus promesas en la cumbre intercoreana reduzcan las tensiones fronterizas, suspendan todos los actos hostiles y se tomen medidas para que la paz no vuelva a sufrir un retroceso en esta ocasión.

Sus acentos y experiencias de vida claramente diferentes y su brecha generacional no fueron un problema para alcanzar una relación estrecha que los surcoreanos consideraron, precavidamente, un anticipo de lo que probablemente se convertirá en la "Paz y un nuevo comienzo", el tema clave en la tercera cumbre intercoreana.

Agarrados de la mano, Moon y Kim reiteraron su objetivo compartido para consolidar la paz en la península coreana, dividida primero durante la Guerra Fría en 1945 y, nuevamente, por la devastadora Guerra de Corea de 1950 a 1953.

En la aldea de la tregua de Panmunjom, hasta ahora un símbolo de la división coreana, el presidente dijo que sus hombros se vieron sobrecargados con un fuerte sentimiento de deber histórico, pero que este viernes ha sido un día muy gratificante, afirmando haber logrado convertir el sitio en "la cuna de la paz mundial".

El presidente surcoreano añadió que mantuvo una franca conversación con Kim, hablando en el mismo idioma y afirmando haber trazado un nuevo camino que eliminará los nubarrones de la guerra en la península y asegurará la paz, prosperidad y su coexistencia.

Las amplias sonrisas de Kim pueden haber ocultado su nerviosismo, pero destacaron su expectativas por un gran cambio en las relaciones intercoreanas, que habían estado hasta hace poco tensadas gélidamente por las continuas provocaciones norcoreanas.

Kim dijo que el sitio, Panmunjom, es un lugar en el que las personas del Sur y del Norte se reunieron, pero que difícilmente se podía distinguir quiénes eran del Sur y quiénes eran del Norte.

El líder norcoreano añadió que la realmente conmoverdora escena en Panmunjom reafirma el hecho de que las dos Coreas son una y no pueden ser separadas, lo que hace que su corazón "revolotee" y sienta que es un sueño, haciéndolo feliz.

El encuentro entre la primera dama surcoreana, Kim Jung-sook, y la esposa del líder norcoreano, Ri Sol-ju, pareció ser una reunión entre dos hermanas separadas por mucho tiempo. Ambas se abrazaron, intercambiando saludos cordiales.

El evento nocturno acabó con la conmovedora canción folclórica "Arirang" que tocó las fibras más sensibles de ambos líderes.

Los surcoreanos observaron la maratón de la histórica cumbre con la respiración contenida, por su deseo de que esta ponga el largamente esperado final formal a la Guerra de Corea, que solo acabó con un armisiticio en lugar de con un tratado de paz.

Los dos líderes acordaron reunirse nuevamente en Pyongyang este otoño.

Moon Jae-in (2º por la dcha.), y su esposa, Kim Jung-sook (dcha.), hacen un brindis con Kim Jong-un (2º por la izq.), y su esposa, Ri Sol-ju, durante una cena de bienvenida celebrada, el 27 de abril del 2018, en la Casa de la Paz, situada en el lado sur de la aldea del armisticio intercoreana de Panmunjom, en la Zona Desmilitarizada.

paola@yna.co.kr

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